Una frecuencia diáfana pulsa sobre mis máculas
Y estas se desintegran en pleno fulgor.
Barbas de humo visten la ciudad
Y soy abducido por un augurio
Esperando la dádiva (esta vez)
Sin la presión de reptiles furtivos.
Con un dragón en mi nave nodriza se hace espeso fluir.
Vagando por el desierto, soy desafiado por anubis en sus arenas movedizas.
En este encuentro fortuito con la muerte termino acariciando dulcemente el pubis etéreo de mi diablo interior.
El fuego fatuo incinera mis células provocando así la resurrección.
En plena hipnosis sangrienta pero indolora el veneno de escorpión vulnera la lógica con el mordaz instinto.
Y el seductor ritual de explicarme tu idilio se vuelve una compulsión, me extorsiona para que pueda ceder.
Hadas y brujas son lo mismo mientras se tensionan como cuerdas.
Mantos negros y mugre debajo de la alfombra, me mantengo sonriente durante la tragedia, puliendo mi tumba hasta la pulcritud.
El amor inmortal se tatúa en mi como la marca de un colmillo
Y bebo sin fin de el hasta la sobredosis.

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