He acudido a mi intelecto para remediarlo, todo fue en vano.
Mi sensibilidad se ha enfermado, me he guiado por mi emociones viscerales como tantos.
Esperando el milagro en mis idealismos, desidealizando la idea de sentirte conmigo.
El amor nace, fluye, pero también se hace, se construye. Todos tienen miedo al encuentro de dos
porque mirarse a través del otro siendo uno mismo desfigura el fervor de entregarse solamente a lo correspondido, para encontrar al otro hace falta perderse en el camino. Todo lo demás es una descarga vulgar, actividad insustancial sobrante, llenar espacios de tiempo, como fornicar pensando en que vas a hacer luego, como vomitar después de tomar una botella de autocompasión. Perder el foco no es mas que, perder la pasión, apegarse al desapego, tratar con desdén el complemento de amar siendo amado al mismo tiempo, desagravio contra el odio y el miedo.
Mi imaginario no es romántico, es realista. Pongo en tela de juicio la desidia de otros en la búsqueda de la sabiduría. Se han rendido al miedo, han abrazado al falaz sistema de respuestas confortables.
Me pase la vida en una cueva mortífera usando el fuego de mi antorcha para iluminar a otros en vez de mantenerme tibio en el frio de mi propia sombra.
Me usan como contenedor de basura y me vomitan frustraciones y paradigmas erróneos exigiéndome de forma implícita respuestas que no quieren oír, el pensamiento es la salvación de la emoción ebria.
El anhelo mas grande del soberbio es el acierto y este lo desprecia, a diferencia del error que adora al necio mientras este niega su existencia, mientras que el narcisista es un ente sin alma ni virtud, sin identidad ni actitud, un alud de fracasos negados metidos en un ataúd.

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