Hay estados de dubitación que me llevan al vértigo.
la cólera desvirtúa la fragilidad, como un látigo agridulce que azota a la vez que restaura. Y la herida resultante despierta al esclavo de la tortura. chispas de brillantes sombras desdibujan la ridiculez y en consecuencia la torpeza merma.
surgen reminiscencias de independencia.
hasta el vicio pierde poder y la mente no cede, el cuerpo se sostiene como un silo.
desaparece toda debilidad.
emerge un descontrol áurico de oscuridad.
una mirada filosa extrae verdades de los débiles y los misterios salen a la luz y no aturden, la voluntad fluctúa entre el daño y la búsqueda de poder, la ansiedad muta en convicción, el delirio en intuición, el sexo en obsesión.
El miedo termina.
la ira se burla del pánico y todos los fantasmas anidados. una instancia de dolor convertida en placer. restar fatalidad al trauma lo disfraza de conquista.
marchitándome mirándote a los ojos es perversión. y la prueba auto infligida es probar la consecuencias de renegar de la dualidad omnipresente.
al lado tuyo explotarían mil obsidianas, incluida la de mi pecho.
estas perdida y asustada y yo tengo ojos en la espalda. ¿Pero quien arrojara primero la espada a la consciencia del otro? ¿regalando una flor de plástico camaleonizada de una lealtad que se cae a pedazos?
un afecto impuro que disimula la culpa y revive el pesado pasado que se divide en traición y lujuria.

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